Que si me cansé de
gritar, fue por miedo a que el silencio se cansara de responder. Que si me
cansé de ayudar, fue porque nunca valorabas el intento. Que si me cansé de
escucharte, fue porque nunca me hablabas a mí. Si me cansé de buscarte, fue
porque no te dejabas encontrar. Sí, me cansé de luchar, pero fue porque me di
cuenta de que el motivo no merecía el sufrimiento. También me cansé de
levantarme, y fue porque nadie estaba ahí para darme la enhorabuena.
Y sí, también me cansé de
enamorarme, y fue porque me cansé más de tener que olvidar.
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